En los siguientes videos, el psicólogo y psicoterapeuta Walter Dávila habla un poco sobre los celos patológicos, los cuáles, a diferencia de los celos normales, suelen ser perjudiciales y destructivos, por lo que conviene reconocerlos tanto en los demás como en uno mismo (si fuese el caso).
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jueves, 16 de julio de 2009
sábado, 7 de marzo de 2009
Victor Frankl y su libro El hombre en busca de sentido. Una excelente obra literaria y filosófica para reflexión
En esta extraordinaria obra titulada "El hombre en busca de sentido", el psiquiatra Victor Frankl cuenta sus experiencias en los campos de concentración, y cómo ello lo ayudó a desarrollar unas ideas que luego serían aplicadas por él y otros a la terapia con sus pacientes.
Lo que sigue es la cita completa del prólogo de este libro, que fue escrito por Gordon Allport:
Aquí les dejo una entrevista con el Dr.Frankl que espero les agrade.
Lo que sigue es la cita completa del prólogo de este libro, que fue escrito por Gordon Allport:
El Dr. Frankl, psiquiatra y escritor, suele preguntar a sus pacientes aquejados de múltiples padecimientos, más o menos importantes: "¿Por qué no se suicida usted?" Y muchas veces, de las respuestas extrae una orientación para la psicoterapia a aplicar: a éste, lo que le ata a la vida son los hijos; al otro, un talento, una habilidad sin explotar; a un tercero, quizás, sólo unos cuantos recuerdos que merece la pena rescatar del olvido.
Tejer estas tenues hebras de vidas rotas en una urdimbre firme, coherente, significativa y responsable es el objeto con que se enfrenta la logoterapia, que es la versión original del Dr. Frankl del moderno análisis existencial.
En esta obra, el Dr. Frankl explica la experiencia que le llevó al descubrimiento de la logoterapia. Prisionero, durante mucho tiempo, en los bestiales campos de concentración, él mismo sintió en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda. Sus padres, su hermano, incluso su esposa, murieron en los campos de concentración o fueron enviados a las cámaras de gas, de tal suerte que, salvo una hermana, todos perecieron. ¿Cómo pudo él —que todo lo había perdido, que había visto destruir todo lo que valía la pena, que padeció hambre, frío, brutalidades sin fin, que tantas veces estuvo a punto del exterminio—, cómo pudo aceptar que la vida fuera digna de vivirla ? El psiquiatra que personalmente ha tenido que enfrentarse a tales rigores merece que se le escuche, pues nadie como él para juzgar nuestra condición humana sabia y compasivamente.
Las palabras del Dr. Frankl tienen un tono profundamente honesto, pues se basan en experiencias demasiado hondas para ser falsas. Dado el cargo que hoy ocupa en la Facultad de Medicina de Viena y el renombre que han alcanzado las clínicas de logoterapia que actualmente van desarrollándose en los distintos países tomando como modelo su famosa Policlínica Neurológica de Viena, lo que el Dr. Frankl tiene que decir adquiere todavía mayor prestigio.
Es difícil no caer en la tentación de comparar la forma que el Dr. Frankl tiene de enfocar la teoría y la terapia con la obra de su predecesor, Sigmund Freud. Ambos doctores se aplican primordialmente a estudiar la naturaleza y cura de las neurosis. Para Freud, la raíz de esta angustiosa enfermedad está en la ansiedad que se fundamenta en motivos conflictivos e inconscientes. Frankl diferencia varias formas de neurosis y descubre el origen de algunas de ellas (la neurosis noógena) en la incapacidad del paciente para encontrar significación y sentido de responsabilidad en la propia existencia. Freud pone de relieve la frustración de la vida sexual; para Frankl la frustración está en la voluntad intencional.
Se da en la Europa actual una marcada tendencia a alejarse de Freud y una aceptación muy extendida del análisis existencial, que toma distintas formas más o menos afines, siendo una de ellas la escuela de logoterapia. Es característico del abierto talante de Frankl el no repudiar a Freud, antes bien construye sobre sus aportaciones; tampoco se enfrenta a las demás modalidades de la terapia existencial, sino que celebra gustoso su parentesco con ellas.
El presente relato, aun siendo breve, está elaborado con arte y garra. Yo lo he leído dos veces de un tirón, incapaz de desprenderme de su hechizo. En alguna parte, hacia la mitad del libro, Frankl presenta su propia filosofía de la logoterapia: lo hace como sin solución de continuidad y tan quedamente que sólo cuando ha terminado el libro el lector se percata de que está ante un ensayo profundo y no ante un relato más, forzosamente, sobre campos de concentración.
Es mucho lo que el lector aprende de este fragmento autobiográfico : aprende lo que hace un ser humano cuando, de pronto, se da cuenta de que no tiene "nada que perder excepto su ridícula vida desnuda". La descripción que hace Frankl de la mezcla de emociones y apatía que se agolpan en la mente es impresionante. Lo primero que acude en nuestro auxilio es una curiosidad, fría y despegada, por nuestro propio destino.
A continuación, y con toda rapidez, se urden las estrategias para salvar lo que resta de vida, aun cuando las oportunidades de sobrevivir sean mínimas. El hambre, la humillación y la sorda cólera ante la injusticia se hacen tolerables a través de las imágenes entrañables de las personas amadas, de la religión, de un tenaz sentido del humor, e incluso de un vislumbrar la belleza estimulante de la naturaleza: un árbol, una puesta de sol.
Pero estos momentos de alivio no determinan la voluntad de vivir, si es que no contribuyen a aumentar en el prisionero la noción de lo insensato de su sufrimiento. Y es en este punto donde encontramos el tema central del existencialismo: vivir es sufrir; sobrevivir es hallarle sentido al sufrimiento. Si la vida tiene algún objeto, éste no puede ser otro que el de sufrir y morir. Pero nadie puede decirle a nadie en qué consiste este objeto: cada uno debe hallarlo por sí mismo y aceptar la responsabilidad que su respuesta le dicta. Si triunfa en el empeño, seguirá desarrollándose a pesar de todas las indignidades. Frankl gusta de citar a Nietzsche: "Quien tiene un porque para, vivir, encontrará casi siempre el como".
En el campo de concentración, todas las circunstancias conspiran para conseguir que el prisionero pierda sus asideros. Todas las metas de la vida familiar han sido arrancadas de cuajo, lo único que resta es "la última de las libertades humanas", la capacidad de "elegir la actitud personal ante un conjunto de circunstancias".
Esta última libertad, admitida tanto por los antiguos estoicos como por los modernos existencialistas, adquiere una vivida significación en el relato de Frankl. Los prisioneros no eran más que hombres normales y corrientes, pero algunos de ellos al elegir ser "dignos de su sufrimiento" atestiguan la capacidad humana para elevarse por encima de su aparente destino.
Como psicoterapeuta que es, el autor quiere saber cómo se puede ayudar al hombre a alcanzar esta capacidad, tan diferenciadoramente humana, por otra parte. ¿ Cómo puede uno despertar en un paciente el sentimiento de que tiene la responsabilidad de vivir, por muy adversas que se presenten las circunstancias? Frankl nos da cumplida cuenta de una sesión de terapia colectiva que mantuvo con sus compañeros de prisión.
A petición del editor, el Dr. Frankl ha añadido a su autobiografía una breve pero explícita exposición de los principios básicos de la logoterapia. Hasta ahora casi todas las publicaciones de esta "tercera escuela vienesa de psicoterapia" (son sus predecesoras las escuelas de Freud y Adler) se han editado preferentemente en alemán, de modo que el lector acogerá con agrado este suplemento del Dr. Frankl a su relato personal.
A diferencia de otros existencialistas europeos, Frankl no es ni pesimista ni antirreligioso; antes al contrario, para ser un autor que se enfrenta de lleno a la omnipresencia del sufrimiento y a las fuerzas del mal, adopta un punto de vista sorprendentemente esperanzador sobre la capacidad humana de trascender sus dificultades y descubrir la verdad conveniente y orientadora.
Recomiendo calurosamente esta pequeña obrita, por ser una joya de la narrativa dramática centrada en torno al más profundo de los problemas humanos. Su mérito es tanto literario como filosófico y ofrece una precisa introducción al movimiento psicológico más importante de nuestro tiempo.
GORDON W. ALLPORT
Tejer estas tenues hebras de vidas rotas en una urdimbre firme, coherente, significativa y responsable es el objeto con que se enfrenta la logoterapia, que es la versión original del Dr. Frankl del moderno análisis existencial.
En esta obra, el Dr. Frankl explica la experiencia que le llevó al descubrimiento de la logoterapia. Prisionero, durante mucho tiempo, en los bestiales campos de concentración, él mismo sintió en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda. Sus padres, su hermano, incluso su esposa, murieron en los campos de concentración o fueron enviados a las cámaras de gas, de tal suerte que, salvo una hermana, todos perecieron. ¿Cómo pudo él —que todo lo había perdido, que había visto destruir todo lo que valía la pena, que padeció hambre, frío, brutalidades sin fin, que tantas veces estuvo a punto del exterminio—, cómo pudo aceptar que la vida fuera digna de vivirla ? El psiquiatra que personalmente ha tenido que enfrentarse a tales rigores merece que se le escuche, pues nadie como él para juzgar nuestra condición humana sabia y compasivamente.
Las palabras del Dr. Frankl tienen un tono profundamente honesto, pues se basan en experiencias demasiado hondas para ser falsas. Dado el cargo que hoy ocupa en la Facultad de Medicina de Viena y el renombre que han alcanzado las clínicas de logoterapia que actualmente van desarrollándose en los distintos países tomando como modelo su famosa Policlínica Neurológica de Viena, lo que el Dr. Frankl tiene que decir adquiere todavía mayor prestigio.
Es difícil no caer en la tentación de comparar la forma que el Dr. Frankl tiene de enfocar la teoría y la terapia con la obra de su predecesor, Sigmund Freud. Ambos doctores se aplican primordialmente a estudiar la naturaleza y cura de las neurosis. Para Freud, la raíz de esta angustiosa enfermedad está en la ansiedad que se fundamenta en motivos conflictivos e inconscientes. Frankl diferencia varias formas de neurosis y descubre el origen de algunas de ellas (la neurosis noógena) en la incapacidad del paciente para encontrar significación y sentido de responsabilidad en la propia existencia. Freud pone de relieve la frustración de la vida sexual; para Frankl la frustración está en la voluntad intencional.
Se da en la Europa actual una marcada tendencia a alejarse de Freud y una aceptación muy extendida del análisis existencial, que toma distintas formas más o menos afines, siendo una de ellas la escuela de logoterapia. Es característico del abierto talante de Frankl el no repudiar a Freud, antes bien construye sobre sus aportaciones; tampoco se enfrenta a las demás modalidades de la terapia existencial, sino que celebra gustoso su parentesco con ellas.
El presente relato, aun siendo breve, está elaborado con arte y garra. Yo lo he leído dos veces de un tirón, incapaz de desprenderme de su hechizo. En alguna parte, hacia la mitad del libro, Frankl presenta su propia filosofía de la logoterapia: lo hace como sin solución de continuidad y tan quedamente que sólo cuando ha terminado el libro el lector se percata de que está ante un ensayo profundo y no ante un relato más, forzosamente, sobre campos de concentración.
Es mucho lo que el lector aprende de este fragmento autobiográfico : aprende lo que hace un ser humano cuando, de pronto, se da cuenta de que no tiene "nada que perder excepto su ridícula vida desnuda". La descripción que hace Frankl de la mezcla de emociones y apatía que se agolpan en la mente es impresionante. Lo primero que acude en nuestro auxilio es una curiosidad, fría y despegada, por nuestro propio destino.
A continuación, y con toda rapidez, se urden las estrategias para salvar lo que resta de vida, aun cuando las oportunidades de sobrevivir sean mínimas. El hambre, la humillación y la sorda cólera ante la injusticia se hacen tolerables a través de las imágenes entrañables de las personas amadas, de la religión, de un tenaz sentido del humor, e incluso de un vislumbrar la belleza estimulante de la naturaleza: un árbol, una puesta de sol.
Pero estos momentos de alivio no determinan la voluntad de vivir, si es que no contribuyen a aumentar en el prisionero la noción de lo insensato de su sufrimiento. Y es en este punto donde encontramos el tema central del existencialismo: vivir es sufrir; sobrevivir es hallarle sentido al sufrimiento. Si la vida tiene algún objeto, éste no puede ser otro que el de sufrir y morir. Pero nadie puede decirle a nadie en qué consiste este objeto: cada uno debe hallarlo por sí mismo y aceptar la responsabilidad que su respuesta le dicta. Si triunfa en el empeño, seguirá desarrollándose a pesar de todas las indignidades. Frankl gusta de citar a Nietzsche: "Quien tiene un porque para, vivir, encontrará casi siempre el como".
En el campo de concentración, todas las circunstancias conspiran para conseguir que el prisionero pierda sus asideros. Todas las metas de la vida familiar han sido arrancadas de cuajo, lo único que resta es "la última de las libertades humanas", la capacidad de "elegir la actitud personal ante un conjunto de circunstancias".
Esta última libertad, admitida tanto por los antiguos estoicos como por los modernos existencialistas, adquiere una vivida significación en el relato de Frankl. Los prisioneros no eran más que hombres normales y corrientes, pero algunos de ellos al elegir ser "dignos de su sufrimiento" atestiguan la capacidad humana para elevarse por encima de su aparente destino.
Como psicoterapeuta que es, el autor quiere saber cómo se puede ayudar al hombre a alcanzar esta capacidad, tan diferenciadoramente humana, por otra parte. ¿ Cómo puede uno despertar en un paciente el sentimiento de que tiene la responsabilidad de vivir, por muy adversas que se presenten las circunstancias? Frankl nos da cumplida cuenta de una sesión de terapia colectiva que mantuvo con sus compañeros de prisión.
A petición del editor, el Dr. Frankl ha añadido a su autobiografía una breve pero explícita exposición de los principios básicos de la logoterapia. Hasta ahora casi todas las publicaciones de esta "tercera escuela vienesa de psicoterapia" (son sus predecesoras las escuelas de Freud y Adler) se han editado preferentemente en alemán, de modo que el lector acogerá con agrado este suplemento del Dr. Frankl a su relato personal.
A diferencia de otros existencialistas europeos, Frankl no es ni pesimista ni antirreligioso; antes al contrario, para ser un autor que se enfrenta de lleno a la omnipresencia del sufrimiento y a las fuerzas del mal, adopta un punto de vista sorprendentemente esperanzador sobre la capacidad humana de trascender sus dificultades y descubrir la verdad conveniente y orientadora.
Recomiendo calurosamente esta pequeña obrita, por ser una joya de la narrativa dramática centrada en torno al más profundo de los problemas humanos. Su mérito es tanto literario como filosófico y ofrece una precisa introducción al movimiento psicológico más importante de nuestro tiempo.
GORDON W. ALLPORT
Aquí les dejo una entrevista con el Dr.Frankl que espero les agrade.
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sábado, 31 de enero de 2009
Michel Sauval, Alan Sokal, ciencia y psicoanálisis. Sobre la guerra de las ciencias o "science wars"
La página web del psicólogo y psicoanalista Michel Sauval presenta artículos muy interesantes sobre las relaciones entre la ciencia y el psicoanálisis.
Como se sabe, el psicoanálisis ha tenido mucha influencia en la Academia durante bastante tiempo, pero ha caído en descrédito en un cierto sector de la psicología (especialmente, en las escuelas o doctrinas de tendencia positivista o afines a ella); aunque irónicamente, ha sido la neurociencia actual la que parece validar (y reivindicar) algunas de las ideas básicas del psicoanálisis, mostrando que la oposición al psicoanálisis puede derivar más de prejuicios filosóficos (especialmente epistemológicos), que de la evidencia científica. Sauval analiza también algunos de estos aspectos.
De especial interés encontré el análisis crítico de Sauval del Físico (y positivista) Alan Sokal, autor del libro titulado "Imposturas intelectuales", y responsable del llamado "Affair Sokal", iniciado por una publicación en una revista de ciencias sociales de un artículo absurdo lleno de terminología científica. Con ello, Sokal pretendió desenmascarar la falta de rigor que existe en algunas revistas de ciencias sociales, especialmente aquellas afectas al posestructuralismo (llamadas erróneamente por Sokal, si ninguna matización o distinción conceptual, como "posmodernas").
En su libro, Sokal amplió su crítica, extendiéndola al relativismo epistémico y a otras tesis filosóficas contemporáneas (a las que intentó refutar) y ha documentar el abuso que algunos intelectuales hacen de la terminología científica.
Por supuesto, que tan pretenciosa empresa filosófica venga de un físico, y no de un filósofo, no es sorprendente para quien haya visto como a veces los científicos profesionales, en un alarde de arrogancia (e ignorancia), buscan pontificar en temas ajenos a su disciplina (a la que consideran "superior" al resto, y por tanto, con autoridad suficiente para "corregir" a las demás), como puede verse en la incursión del zoólogo Richard Dawkins en temas teológicos y filosóficos. (Quien esté familiarizado, aunque sea superficialmente, con la literatura filosófica relevante en estos temas reconocerá inmediatamente la gran ingenuidad y simpleza de los argumentos de estos sujetos, que confunden temas científicos con temas filosóficos con gran facilidad, precisamente porque desconocen las complejidades del tema que critican; y juzgan solo desde las anteojeras y perspectiva estrecha, pero generalizada en forma dogmática, de su disciplina científica; como quien ve el mundo solo con gafas verdes, considerando que lo "no verde" no existe, es espurio o solo es una ilusión. Las obras de estas personas casi siempre tiene un efecto persuasivo solo en los que ya están predispuestos a aceptarla, o a los que ignoran las materias criticadas y se creen fácilmente las refutaciones simplistas de caricaturas creadas por la autoridad a la que admiran, pero casi nunca produce efecto alguno a los expertos de las disciplinas criticadas, porque éstos habitualmente reconocen rápidamente las caricaturas creadas, y la irrelevancia, superficialidad, o ignorancia de la crítica formulada, en una forma análoga a cuando algunos de ustedes, lectores, reconoce fácilmente lo absurdo o ignorante de los comentarios "críticos" de alguien que opina, sin conocimiento adecuado o suficiente, en el área en la que usted es especialista).
Aunque lo anterior puede ser importante al momento de evaluar el "background" del crítico, esa importancia no debe exagerarse, ya que los argumentos (vengan de quienes vengan) deben examinarse en sí mismos, y no en relación con quien los plantee. Pero como los argumentos no surgen de la nada, ni se expresan ellos mismos, ni se interpretan solos, siempre es bueno saber también quién los plantea, desde que "perspectiva" (con qué "gafas" los enfoca) y por qué motivos (esto ofrece una visión panorámica e integral de la situación, no limitada solo a la lógica explícita del discurso, sino además extendida a las facetas no-lógicas del problema).
Yo concuerdo con el filósofo Roberto Follari sobre el hecho de que el Sokal "ha demostrado con consistencia el mal uso de conceptos de ciencia físico-natural en una cierta tendencia dentro de las ciencias sociales", pero que es absurdo pretender que "su ingenioso gesto der producir un texto trucado para filtrarlo en una revista de ciencias sociales, le alcance para afirmar tesis filosóficas generales que está por completo fuera del alcance de ese puntual y limitado recurso"
Pero aun esta conclusión debe mantenerse con reservas, ya que algunos intelectuales han examinado las fuentes que Sokal criticó, y han encontrado evidentes tergiversaciones y falsas imputaciones. Por ejemplo, el matemático y filósofo independiente Gabriel Stolzengerd ha escrito un extenso artículo titulado "A Physicist Experiments with Scholarly Discourse" donde muestra muchas de las imprecisiones, excesos y tergiversaciones de Sokal en el análisis de las fuentes que critica. Stolzenberg tiene una página dedicada al tema de Sokal y a las llamadas "Science Wars" o guerra de las ciencias.
Yo personalmente no acepto ninguna forma de relativismo acerca del conocimiento; pero estoy conciente de la existencia de arduos debates filosóficos al respecto, que no pretendo resolver con argumentos simples o caricaturas desinformadas. Muchas posiciones que uno no comparte pueden ser reformuladas en una forma que las haga más verosímiles o defendibles (reconocer esto nos hace menos dogmáticos). Por ejemplo, en el caso del relativismo, el filósofo Steven Hales ha publicado un artículo titulado "A consistent relativism" donde argumenta una formulación de esta tesis que aparentemente escapa a la mayoría de las objeciones formuladas contra el relativismo. Por lo tanto, y como ocurre muchas veces en filosofía, antes de declarar definitivamente "muerta y enterrada" una cierta tesis filosófica con la que uno está en desacuerdo (algo que a la gente dogmática les encanta mucho hacer), conviene investgar mejor y dejar el dogmatismo, el prejuicio y la arrogancia de lado. (Yo misma, que considero que algunas ideas o doctrinas filosóficas, como el marxismo, han sido sólidamente refutadas en sus fundamentos teóricos, refutación que también se ha confirmado en el fracaso de su aplicación histórica; dejo abierta la posibilidad, aunque remota o improbable a mi juicio, de que "algo" rescatable haya en ellas, o que incluso una nueva reformulación las haga más razonables y fructíferas, o al menos de interés para ciertos ámbitos o materias.)
Es por esto que quienes hayan leído el libro de Sokal, pero al tiempo busquen la verdad y necesiten leer todos los lados de la controversia para formarse una opinión lo más objetiva posible, pueden beneficiarse mucho al consultar las referencias ofrecidas en este artículo, y especialmente la página de Michel Sauval sobre el "affair Sokal".
Cada uno así tendrá elementos suficientes y pertientes para formarse una opinión personal sólida.
Como se sabe, el psicoanálisis ha tenido mucha influencia en la Academia durante bastante tiempo, pero ha caído en descrédito en un cierto sector de la psicología (especialmente, en las escuelas o doctrinas de tendencia positivista o afines a ella); aunque irónicamente, ha sido la neurociencia actual la que parece validar (y reivindicar) algunas de las ideas básicas del psicoanálisis, mostrando que la oposición al psicoanálisis puede derivar más de prejuicios filosóficos (especialmente epistemológicos), que de la evidencia científica. Sauval analiza también algunos de estos aspectos.
De especial interés encontré el análisis crítico de Sauval del Físico (y positivista) Alan Sokal, autor del libro titulado "Imposturas intelectuales", y responsable del llamado "Affair Sokal", iniciado por una publicación en una revista de ciencias sociales de un artículo absurdo lleno de terminología científica. Con ello, Sokal pretendió desenmascarar la falta de rigor que existe en algunas revistas de ciencias sociales, especialmente aquellas afectas al posestructuralismo (llamadas erróneamente por Sokal, si ninguna matización o distinción conceptual, como "posmodernas").
En su libro, Sokal amplió su crítica, extendiéndola al relativismo epistémico y a otras tesis filosóficas contemporáneas (a las que intentó refutar) y ha documentar el abuso que algunos intelectuales hacen de la terminología científica.
Por supuesto, que tan pretenciosa empresa filosófica venga de un físico, y no de un filósofo, no es sorprendente para quien haya visto como a veces los científicos profesionales, en un alarde de arrogancia (e ignorancia), buscan pontificar en temas ajenos a su disciplina (a la que consideran "superior" al resto, y por tanto, con autoridad suficiente para "corregir" a las demás), como puede verse en la incursión del zoólogo Richard Dawkins en temas teológicos y filosóficos. (Quien esté familiarizado, aunque sea superficialmente, con la literatura filosófica relevante en estos temas reconocerá inmediatamente la gran ingenuidad y simpleza de los argumentos de estos sujetos, que confunden temas científicos con temas filosóficos con gran facilidad, precisamente porque desconocen las complejidades del tema que critican; y juzgan solo desde las anteojeras y perspectiva estrecha, pero generalizada en forma dogmática, de su disciplina científica; como quien ve el mundo solo con gafas verdes, considerando que lo "no verde" no existe, es espurio o solo es una ilusión. Las obras de estas personas casi siempre tiene un efecto persuasivo solo en los que ya están predispuestos a aceptarla, o a los que ignoran las materias criticadas y se creen fácilmente las refutaciones simplistas de caricaturas creadas por la autoridad a la que admiran, pero casi nunca produce efecto alguno a los expertos de las disciplinas criticadas, porque éstos habitualmente reconocen rápidamente las caricaturas creadas, y la irrelevancia, superficialidad, o ignorancia de la crítica formulada, en una forma análoga a cuando algunos de ustedes, lectores, reconoce fácilmente lo absurdo o ignorante de los comentarios "críticos" de alguien que opina, sin conocimiento adecuado o suficiente, en el área en la que usted es especialista).
Aunque lo anterior puede ser importante al momento de evaluar el "background" del crítico, esa importancia no debe exagerarse, ya que los argumentos (vengan de quienes vengan) deben examinarse en sí mismos, y no en relación con quien los plantee. Pero como los argumentos no surgen de la nada, ni se expresan ellos mismos, ni se interpretan solos, siempre es bueno saber también quién los plantea, desde que "perspectiva" (con qué "gafas" los enfoca) y por qué motivos (esto ofrece una visión panorámica e integral de la situación, no limitada solo a la lógica explícita del discurso, sino además extendida a las facetas no-lógicas del problema).
Yo concuerdo con el filósofo Roberto Follari sobre el hecho de que el Sokal "ha demostrado con consistencia el mal uso de conceptos de ciencia físico-natural en una cierta tendencia dentro de las ciencias sociales", pero que es absurdo pretender que "su ingenioso gesto der producir un texto trucado para filtrarlo en una revista de ciencias sociales, le alcance para afirmar tesis filosóficas generales que está por completo fuera del alcance de ese puntual y limitado recurso"
Pero aun esta conclusión debe mantenerse con reservas, ya que algunos intelectuales han examinado las fuentes que Sokal criticó, y han encontrado evidentes tergiversaciones y falsas imputaciones. Por ejemplo, el matemático y filósofo independiente Gabriel Stolzengerd ha escrito un extenso artículo titulado "A Physicist Experiments with Scholarly Discourse" donde muestra muchas de las imprecisiones, excesos y tergiversaciones de Sokal en el análisis de las fuentes que critica. Stolzenberg tiene una página dedicada al tema de Sokal y a las llamadas "Science Wars" o guerra de las ciencias.
Yo personalmente no acepto ninguna forma de relativismo acerca del conocimiento; pero estoy conciente de la existencia de arduos debates filosóficos al respecto, que no pretendo resolver con argumentos simples o caricaturas desinformadas. Muchas posiciones que uno no comparte pueden ser reformuladas en una forma que las haga más verosímiles o defendibles (reconocer esto nos hace menos dogmáticos). Por ejemplo, en el caso del relativismo, el filósofo Steven Hales ha publicado un artículo titulado "A consistent relativism" donde argumenta una formulación de esta tesis que aparentemente escapa a la mayoría de las objeciones formuladas contra el relativismo. Por lo tanto, y como ocurre muchas veces en filosofía, antes de declarar definitivamente "muerta y enterrada" una cierta tesis filosófica con la que uno está en desacuerdo (algo que a la gente dogmática les encanta mucho hacer), conviene investgar mejor y dejar el dogmatismo, el prejuicio y la arrogancia de lado. (Yo misma, que considero que algunas ideas o doctrinas filosóficas, como el marxismo, han sido sólidamente refutadas en sus fundamentos teóricos, refutación que también se ha confirmado en el fracaso de su aplicación histórica; dejo abierta la posibilidad, aunque remota o improbable a mi juicio, de que "algo" rescatable haya en ellas, o que incluso una nueva reformulación las haga más razonables y fructíferas, o al menos de interés para ciertos ámbitos o materias.)
Es por esto que quienes hayan leído el libro de Sokal, pero al tiempo busquen la verdad y necesiten leer todos los lados de la controversia para formarse una opinión lo más objetiva posible, pueden beneficiarse mucho al consultar las referencias ofrecidas en este artículo, y especialmente la página de Michel Sauval sobre el "affair Sokal".
Cada uno así tendrá elementos suficientes y pertientes para formarse una opinión personal sólida.
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